Narrativas de la infancia III


Hay adaptaciones fílmicas que brillan con igual intensidad y belleza como las novelas o los textos de las que partieron. "El tambor de hojalata"  llevada al cine por Volker Schlöndorff (1979) a partir de la novela homónima, (Die Blechtrommel, 1959), de Gúnter Grass es un ejemplo virtuoso de ello. Imposible no pensar en estos textos cuando de narrativa sobre niños se trata; imposible también comentar de modo breve la riqueza desbordante de las historias  allí narradas. Porque todo en estos textos es tan extraordinario y vasto como detallado:  la dimensión humana de Oscar o el alcance temporal de la historia son dos buenos ejemplos.
El entorno inconmensurable -gran personaje- se despliega  a partir del niño Oscar Matzerath: inquietante representación  donde los haya, sobre su aparente fragilidad física reposan los ejes dramáticos de la historia de guerra, muerte y violencia de sello nazi. Oscar nos lleva de la mano a mirar con detalle las miserias y los horrores que padecen sus seres más allegados. Decidir dejar de crecer como protesta y, sin embargo, protestar a cada toque de tambor en contra de tanta muerte y a favor de un poco de vida honesta y franca, determinan la potente figuración de este personaje raro e irreverente, por momentos grotesco e inescrupuloso, que intenta  no enrarecerse aún más en medio de las mediocridades, mentiras y violencias de los otros.  Los raros, los extraños, los excluidos son sus amigos más cercanos; desde la periferia en la que se coloca puede retar al mundo de los bien-integrados a una sociedad hipócrita y cruel. Más que un personaje, Oscar es sobre todo un símbolo de la resistencia adolorida ante la imposibilidad de frenar la locura de la guerra. Y no deja de ser menos importante una de las paradojas de los textos: para transitar esta narrativa de la infancia fue necesario atrofiarla, detenerla e impedir su crecimiento. Antinaturalidad secuencial, se me ocurre, que sin embargo,  resulta la reacción más natural en medio de tanta adultez corrompida.

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