Con suerte



No sé si existe la orginalidad en el arte; al menos todo el entorno del 2.0 diluye sin contemplaciones la efímera idea de que nuestro discurso es original. Es más: con suerte,  vamos siendo la copia de lo que otros escribieron. Sin suerte,  vamos siendo repetidores de estilos, modas, tendencias. Con suerte, el arte sigue siendo una figuración estética para mediar nuestras identidades. Si es que éstas aún están de pie para cuando vayamos a interrogarlas. Sin suerte, el arte termina siendo sólo un entretenimiento high, cool, nice, guay al que nos entregamos sin preguntas incómodas y pesadas. Con suerte, la originalidad sólo existe para potenciar su negación: la copia al infinito, el hipertexto reproducido en el espejo. Sin suerte, ser original es un mandato de los que jamás pudieron serlo. No estoy segura de que exista algo como la suerte, pero sí que ser o no original, depende de ella.

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