Pensamientos únicos



Antes de inventarme de nuevo a través de un blog, había librado una ardua batalla contra el llamado pensamiento único. No sé qué es, la verdad. Ni quién lo inventó. Algún departamento de Policy, Culture and whatever thing está detrás de esa idea que, en efecto, entraña el servilismo, la mediocridad del alma y la banalización de todo.
Mientras mantengo esta página a la espera de reanimarla escribiendo sobre narrativas, literaturas y cines, vuelve a aparecer la posibilidad de que esta idea de conectar con los demás a través de lo que escribo,  me coloca en la mira del pensamiento uniforme. El ego, claro, huye con sorna del pensamiento único aquél que es racista, xenófobo, chovinista, colérico... Pero hay otra red más coqueta ella, que atrapa la vanidad del que espera identificarse en medio del más absoluto anonimato. Obviamente, prefiero estar del lado de este anonimato social, a transitar  la tierra  liderada por los que dan una homogeneidad pasmosa a  todo (cuerpos, labios, territorios, geografías, libros, muertes y nacimientos, etc).  Sé que estoy en la otra orilla de otro tipo de pensamiento único. El que suma partículas de la diversidad antes que expulsarlas a la fuerza. Al menos allí puedo escribir con libertad o desdén por igual.

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