Tráfico



Después de la primera hora y media atrapada en el tráfico caraqueño, solía fijarme en las placas de los carros que, como el mío, intentábamos llegar de cualquier modo al metro y medio libre que nos dejaban los demás. Jugaba con sus números, los combinaba o asociaba con fechas, de cumpleaños casi siempre. También imaginaba que algo de esotérico tendría ver un mismo número muchas veces durante una misma cola. Siempre juraba que al salir del atasco, iría directo a jugar a la lotería con ese número o serie. No solía rellenar con  mi imaginación la vida que se veía en los otros carros. Básicamente porque la imaginación me fallaba. Ella es muy coqueta, pero yo presumía de tenerla o, peor aún, de activarla como si fuera un interruptor.  Lo que me gusta de esta foto es que no  tiene estética ni composición medidas. Es una instantánea, como suele decirse. Una instantánea parcial, además, en la que, quizá, había la posibilidad de una  salida del eternizado atasco, y yo no supe verla.

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