Olvidos

No tenemos un lenguaje para los finales,
para la caída del amor,
para los concentrados laberintos de la agonía,
para el amordazado escándalo
de los hundimientos irrevocables. 


"No tenemos un lenguaje para los finales"
Roberto Juarroz

 La persistencia de la memoria. (1931) Salvador Dalí
La pregunta fue tan directa que me enredé al intentar responderla de manera espontánea, como lo habían estado haciendo todos en la rueda.
-¡Vamos...no lo pienses mucho!
-¿A que no has olvidado un carajo importante?
-Yo sí...una vez, dejé el bolso en el bus...
-¿Quéééé?
-¡Uy!...
-O sea, que lo tuyo no es despiste casual...Es que eres así...
-¿Y tú? ¿A ver? ¿Qué cosas has olvidado así como si nada?
-Bueno, una vez, olvidé...

¿Quién no ha olvidado algo alguna vez en su vida? Un papel im por tan tí si mo, unos lentes, un anillo de compromiso...Todos en la fiesta parecían divertirse con la experiencia de haber olvidado algo. Algunos, además, también se reían de su "cada vez más" perdida  memoria.
-Yo de vaina me acuerdo que tengo que ponerme las lentillas...Si mi hijo es el que me recuerda los números de teléfono de toda la familia y tiene apenas seis años... -decía Maite, mientras tintineaba su vaso de whisky. ¡Ah!, añadió con cara de fastidio: " A veces he olvidado dónde está mi marido... en la cama"
Y vaya la risa  de todos, incluido su marido, claro.

Lupe lo tenía muy claro: el objeto olvidado -y casi siempre perdido- tenía que ser algo muy especial. Sofía,  su hermana, olvidó a Venus, la perra de la familia. La ató a un poste, entró a comprar, se puso a charlar con la cajera del supermercado y salió sin mirar hacia abajo, sin escuchar los ladridos ¿habrá ladrado? Lupe lo cuenta atropelladamente mientras aguanta la risa como puede. Ellas siempre sintieron que, sin querer,  se habían  quitado un peso de encima. Su madre nunca les perdonó la complicidad ni el olvido.

Cuando el objeto no tenía ese aire de espectacularidad, Lupe y Sofía se encargaban de airearlo:
- Paul, querido: vos sos un pícaro.... ¿Cómo que no tuvo nada de particular que hubieras perdido la tarjeta de crédito? Cuenta, cuenta.... Dí dónde la perdiste...
Paul se ruborizó. Hacía mucho tiempo de aquello. Ya no tenía importancia
- Oye, oye, tranquilo: que aquí ya todos sabemos que el hotel donde la dejaste, ya no existe. Lo derrumbaron por ser el propio matadero...
Que lo dijera Mar, la esposa de Paul, aplacó un poco el aire pesado que Lupe había sabido mantener a costa de tragos, humos, música, comida... Ninguno de los que quedábamos en la fiesta a las dos de la mañana parecíamos hartos de sus tonterías. Tenía gracia y lo sabía. Por eso cuando me hizo la pregunta tan directamente no supe qué decir. No supe cómo decir lo que pensaba en el mismo tono jocoso y más o menos distendido en el que todos estaban participando. Estaba fuera de forma. Llevaba mucho tiempo sin salir de fiesta.
Mi tartamudeo inicial confundió un poco más a Lupe, que en cuanto me vio llegar a su fiesta de cumpleaños, no dudó es dispararme a bocajarro: "me alegra que hayas venido. Parece que ya empiezas a estar limpia de tanta mierda". Mi silencio la confundió. "¿Cómo que ahora no llora?", habrá pensado. "Pero si lleva como cinco años y  dale con la lloradera y la depre", pensé.

-Mis anillos de plata-  solté.
-¿Qué dices?- preguntó Lupe.
-Que una vez olvidé mis cuatro anillos de plata, en un baño, el de la casa de mi ex-jefe...
A Lupe le brillaron los ojos...
-Tranquila- le dije. No pasó nada entre nosotros. Fue un apuro en el trabajo que tuvimos que rematar en su casa hasta las y tantas... Su esposa los encontró... y me los devolvió dos días después en la editorial.
-No...., pero tiene que haber algo más.
- ¡Síiii...cuenta, cuenta!- decían los otros. "¿Ése es Ricardo? ¿El jefe de la editorial? ¿El vejestorio  ése? ¿Ese tipo? ¡Nooo! ¿Su esposa debió agradecer que le levantaras el ánimo? ¿No?..."

Si Lupe seguía haciendo preguntas, yo podría darme ya por satisfecha: ella estaba complacida con mi intervención. Mi entrada social no había terminado mal. No le había arruinado la fiesta.

El diagnóstico nunca fue un secreto para nadie. Digamos que todo se arregla con "tendencia a la depresión".   Con esto, Lupe no hizo otra cosa diferente a la de  familiares y amigos: conformarse con la versión corta del cuento con su final feliz: "el tiempo la curará". Pero la razón si fue más esquiva con todos. No exagero si digo que inlcuso a mí me esquivó con rabia.  Porque al final todo quedó en la idea del accidente. Un accidente y ya. Si hubieran indagado un poco más, quizá no hubieran tenido tampoco una historia muy larga porque, al fin de cuentas, ¿qué olvido puedes contar luego de que diez años atrás tu ex- marido hubiese olvidado, a su vez,  pasarle el seguro a la puertita de la habitación de  tu bebé?
De aquél día he ido olvidando casi todo, menos lo que dijo el agente de policía mientras indagaba detalles para cerrar un caso en el que no "había nada más allá": "Una puerta ligera, es verdad, pero el problema fueron las escaleras: bastó con una manito en el primer escalón". Fue muy vulgar ponerse poético en ese momento, pero recuerdo que mascullaba y visualizaba la posible secuencia de los hechos. Tampoco he olvidado lo que dijo mi ex-marido: "No olvidé cerrar la puerta. Olvidé que él podía gatear"

Lupe me despedía feliz de que todo hubiera salido tan bien...
-¿Viste? ¿A que esta noche te hice olvidar tus penas?- me decía mientras me abrazaba en la puerta  con la copa de vino aún medio llena.

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