Declaración jurada


                                                               © Sebastien Lebrigand


ante notario público declaro que
no tengo bienes en paraísos fiscales;
reposan mejor en la casa de turno:
dos pasajes de avión a punto de caducar por falta de destino
-uno sigue retenido en las aduanas por remitente silencioso
-del otro prefiero ni soñarlo.
dos pares de botas para la nieve
-que a falta de datos en la etiqueta no sé si sirven para
la perpendicularidad inmisericorde del sol en  las playas Olón-.
dos camisas rojas recién compradas
a las que debo sacarle el exceso de prohibición.
tres libros
uno donde el escritor  en la página 100
 rompe su promesa  de la página 80 de seguir el camino sin más labios que los suyos.
otro de viajes -en el tiempo de cuerpos en proceso de resolución-,
un álbum de fotos que edité con maña burocrática: es rigurosamente innecesario
dejar constancia pero es mejor rellenar formularios para sentirse en acción.  
mi cafetera italiana
dos amores contenidos a punto de fugarse
mi ordenador
mi familia que no vendrá quizá nunca
mi pasaporte
y  alma en trámite
y una feroz mordida al burócrata de turno. 

sellaré que mis bienes tributan un hígado graso
y, quizá, algún verso que despunta y me ensueña
a la luz de la luna rasgando el amanecer.






 

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