El pinchazo

“-Venga. Bájate los pantalones. No tenemos tiempo." 
Conocía ese tono. Era severo pero, como al trasluz, percibía ese matiz de súplica que tantas veces lo había conmovido. Esta vez, sin embargo, sería diferente. No se bajaría los pantalones por nada del mundo. 
- Gonzalo ¿crees que tengo toda la noche para ti?  Hazme el favor y te bajas los pantalones o te juro que soy capaz de hacerlo  yo...
- No.
-Pero ¿no ves que la fiebre está muy alta? ... Estás ardiendo-.
Su voz sonaba cansada pero no así su brazo erguido mientras su mano sostenía, como un trofeo, una jeringuilla que a él siempre le parecía larguísima ¿Por qué no me inyecta en el brazo o en el muslo? No sabe.. Es eso. No sabe cómo meterme esa vaina en otro sitio...
- Gonzalo que es la última vez que te…
 -¡NO!
- Pero ¿cómo que no? ¿Qué te piensas?  ¿Que te voy a dejar así?… Si la última vez por darte nada más pastillitas casi te me mueres. Así que déjate de tonterías y vamos... a quitarse los pantalones ya… Pero si ni te enterarás del pinchazo, si la fiebre te tiene delirando…

Gonzalo estaba decidido. Ya se le pasaría. Eso: seguiría diciendo no, hasta que ella se hartara y se fuera con su inyección a otra parte. O se decidiera a pincharle el brazo o el muslo. No se iba a bajar nada aunque su madre forcejeara con él y gritara pidiendo ayuda a su hermano. Que ya empezaba a sentir el aire frío en el culo y ya tenía las manos de su hermano sujetándoles los brazos y la cara, y escuchaba a su madre diciendo tonterías sobre un pinchazo sin más. Y el ardor de un líquido que no supo bien hasta dónde le llegó. Y luego el silencio. Lo último que recuerda es el silencio en la habitación. No pudo ni imaginar sus caras, pero mientras su hermano  lo soltaba –casi lo abandonaba-  sabía desde el ensueño más dulce en días, que hubiera dado cualquier cosa por haber tenido el valor de decirle a su madre quién era el Miguel cruzado por una flecha en un corazón lleno de pus que tenía tatuado en su nalga recién pinchada.

Comentarios

maria candel ha dicho que…
Diana, me admira tus pocas palabras para contar historias, llenas de significado y sugerencias, tu buen hacer.
Un fuerte abrazo, en esta tarde de sábado.
Diana ha dicho que…
Mil gracias, María. Me alegra tanto que te guste... Casi en domingo ya, te envío un fuerte abrazo.