Intención
Qué faltó agua o quemé poco laurel. Seguí las instrucciones. Lo recuerdo como un almíbar en su punto. Los conjuros necesitan ese tiempo musculado tonificado para que, según, surtan efecto. Recuerdo que hasta me entregué al olvido, al perdón completo, como con aires de suficiencia y viendo la tristeza de lejos. Creo que hubo un error. Quizá no eran dos tazas, sino una sin lágrimas; o dos flores pero sin tallo verde. Algo pasó. Quizá mi conjuro se enredó entre otros sentires. La salud que tarda. La renta que sube. El amor que se retrae. El cuerpo ardiendo. El tiempo vaciándose. Pero, contra todo pronóstico, algo pasa, mejor y diferente: logro escribir que algo se quedó trabajado, atascado en tus ojos en mi lengua en tus pasos en mi esperanza. Y esa mariquita que masculla equilibrio y buena suerte, a la vez. Puedo decirlo y que respire la vida entre líneas. ¿No es ...





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