Tras "Hamlet"

 

Ante textos literarios de gran envergadura narrativa, nunca es fácil elegir qué o cómo contar la novela. Hay algunos directores que deciden ceñirse a la historia, otros, los menos, buscan operaciones de cámaras equivalentes a las operaciones retóricas porque, sí, importa la reciprocidad dialógica de la forma y el fondo.

Con "Hamnet" de Chloé Zhao me preguntaba cuál era el sentido o las razones de decidir, narrativamente hablando, el cortar buena parte de la novela (sobre todo de su primera parte), y, después, de insistir en el último tramo del filme en la mirada de Shakespeare cuando, en la novela, por ejemplo, parte de su encanto es que nosotros vemos lo que él, por su trabajo, por el tiempo o por lo que quién sabe, decidió o no pudo ver.
Es decir, una de las bellezas de "Hamnet" de
Maggie O'Farrel es la mezcla de ficción y de lo real para articular el imaginario sobre la familia del genio, y cómo este, por muy genio que haya sido, tuvo serias dificultades con la conciliación familiar y su progresivo éxito como autor de obras en la Londres isabelina.
Sin embargo, en el filme se retoma más bien cómo el genio con la obra "Hamlet" que, finalmente vemos, se redime y, de alguna manera, él y Agnes, la esposa, se reconcilian más allá de la muerte del hijo que inspiró esa obra de teatro.
Puede ser que hubieran querido reducir esa niebla sobre el genio y aumentar (visibilizar) su dolor como padre. En la novela, esta experiencia está, pero es mucho más distante la idea de una pareja que se reencuentra.
Pese a que fue un añadido muy ampliado, debo reconocer que la representación de "Hamlet" en el filme es uno de los momentos más emocionantes. Porque, en el fondo, giramos en torno a la tragedia de Hamlet; es decir, en el fondo, pese a los datos biográficos sobre Shakespeare, seguimos tras el dolor de la traición, del diáogo sobre la muerte, el ser y el no ser como una de las dudas más radicales del arte y de nosotros. En esto, O'Farrel hizo un trabajo impecable y Zhao lo retoma con la naturalidad respectiva.
También pensaba en el realismo mágico, tan denostado por tantos críticos literarios y culturales con obras latinoamericanas de los 60', y, mira tú, ahora, entregado con una belleza y normalización sin que rechinen la historia ni los críticos. Me encanta, además, que estos aires extraños no se los apropien del todo la narrativa de terror o la ciencia ficción.
No creo que sea la mejor película de algunas nominaciones, pero seguro su factura visual y la actuación de Jesse Buckley seguirán ganando premios.

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