"Pedro Navaja" In memorian, a Willie Colón

Antes de que:
- "Batallas sin honor ni humanidad" (1973-1979 de Kinji Fukasaku rompiera el molde del yakuza honorable e introdujera la violencia y la crueldad como formas de actuar en entornos de chantajes, sobornos, chanchullos en todos los negocios.
- El cine latinoamericano, finalmente, cuestionara la figura del malandro o narco bueno que durante buena parte de los 60, 70 y 80 recorrió el sentido social de su figuración (en una mezcla un poco ad hoc de Robin Hood con Alí Babá y los 40 ladrones), y que estudiara la figuración del malandro bueno hasta que llegaron los malos y fueron a por las personas de carne y hueso.
- De ver y entender a las figuras extrañas y violentas de Takeshi Kitano, Tarantino, Scorsese o Brian de Palma, por ejemplo.
-De revisitar la saga completa de "John Wick" de Derek Kolstad en su formato neo-noir , porque durante años solo veía su violencia gratuita y, sin embargo, con los años he ido entendiendo que las tramas de sicariato, gánsteres, asesinatos, violaciones de la vida real son infinitamente más crueles, devastadoras, denigrantes y deprevadas de lo que allí vemos.
-Del cine negro, negrísimo, del thriller, de asesinos a sueldos, de vejaciones y chantajes
en mi casa estaba, se escuchaba y bailaba "Pedro Navaja" (del álbum "Siembra", 1978) de Rubén Blades y Willie Colón.


Durante mucho tiempo, se dijo que parte de su logro musical consitió en ser la primera canción de salsa en narrar una historia con su inicio, el desarrollo, su momento clímax y su final. Su estribillo "la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Ay, Dios" funcionó como mensaje simbólico -casi educativo o, quizás, aleccionador- de que en esos ambientes la violencia y las traiciones suceden con naturalidad extrema junto a realidades cotidianas como, por ejemplo, la del borracho que, por mucha cabeza ida, es el que se lleva los restos de la reyerta.
Pedro Navaja mantiene, sin embargo, su propia estela de pasado en la narración de las violencias callejeras y sus protagonistas. Se cuenta que Blades y Colón conocían la canción "Mack the Knife (Moritat)" (1954) de Louis Armstrong:
Lies a body, oozin' life
Someone sneakin' around the corner
Y que esta, a su vez, viene de "La balada de Mackie Navaja" una de las canciones más famosas de "La Ópera de los Tres Centavos" (1928) Kurt Weill coescrita con Bertol Brech. En esta, el narrador cuenta la historia de personajes marginales y, Mackie es el malandro malo.
En todos estos años, por cierto, han cambiado los malos, pero, creo, que el imaginario que permanece muy igual a sí mismo es el del policía corrupto. Es una idea que aún estoy pensando. Pero, desde los inicios, la corrupción y la impunidad han sido clave para dejarnos a los ciudadanos sin mayores defensas.
Fue con "Pedro Navaja" que, entre bailes y fiestas, conecté de otro modo con formas de violencia callejera. Es un punto de inflexión de la narrativa en la salsa, pero, también, del modo popular de entender y hablar de unas violencias terribles como parte de una cotidianidad compleja, y, generalmente, apuntalada por problemas económicos, la pobreza o la drogra.
Por cierto, el caso Eipstein es tan grave, miserable, salaje y repugante que me parece que el cine que han plantado cara a lo que él y su entramado representan se ha quedado corto. Esta narrativa planetaria, de ricos dominantes, de muertes y violencias, de trata de mujeres niñas... esta narrativa no tiene discurso aún; viene de todo esto que he comentado, pero aún así, ha abierto una exigencia: contarlos una y otra vez, ponerles nombres y apellidos y, sí, cómo no, ha dejado sin aliento a más de un Pedro Navaja.
Colón y Blades, como casi todos los salseros, como Maelo o Héctor Lavoe, comprendieron pronto cómo el género musical le devolvía la gente del pueblo parte de su vida. De ahí el enorme valor de la herencia salsera de todos/as ellos/as.




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