19 de febrero de 2017

Corto aliento, largo alcance



                                                       Foto de Hannes Killian

Use bolígrafo azul.
No se salte los márgenes
No ensucie ni doble la hoja.
Evite sudar, llorar, eyacular.
Sea ordenado
Escriba       (¿no escucha?)

Deberes:
Para mañana
 tráigase completo.
Acumúlese.

Recomendación:
mantega la honestidad en silencio.
Entienda: Es falso que el  papel aguante todo.
No lo interrogue, entonces.

No copie sin citar  gemidos
caricias
piel olvidos  abrazos
líneas de cuerpos conocidos


Si tiene alguna duda
será mejor formularla
unas dos horas antes
de que un trazo -mínimo o no-
se le aferre a la muñeca  al pecho  a los pasos
amaneciendo -con fórceps-
un rumbo
un modo
un fin
una posibilidad

Regrese en dos o tres momentos
para conocer  su nota.
Será subjetiva. Como casi todo. 

Si faltara, ha de traer  el certificado
de vida.
No la fe.

Sea impuntual. Nadie lo notará.
En cuanto llegue, deje en recepción
el espejo donde confirmará -una vez más-
que lleva lo necesario
su entereza
su máscara
su cansacio
su voz

Le espera el mañana
de palabras incautadas
Necesitamos que escriba
sabiendo que muerde un extravío.


                                                Marcia Haydée (1967) de Hannes Killian













15 de diciembre de 2016

Días claros




                                             Degas y sus bailarinas: fotos para sus bocetos

Comencemos por los lugares comunes:
Hace un sol de justicia.
Lo más importante es la familia.
Los hombres no lloran.
Las mujeres usan tacones.
Los pájaros no ven los cristales. 

Vayamos a los lugares confusos:
El sol está quemando el poco trozo de piel que me queda libre de cicatrices.
La familia no puede sostener más tiempo sus fotos. Caen los retratos por falta de uso.
Ciertos hombres lloran mapas para encontrarse.
Ciertas mujeres rescatan hilos de amanecer.

Todos, siempre, sueñan con ser soñados
cerca del lugar exacto -del otro, del propio.

Los pájaros se estrellan
porque saben que si llegan a casa
-con las facturas pagadas, incluso-
serán espanto de lo común.

Carne de olvido
arrebatada a la pincelada.



 


 

20 de noviembre de 2016

Siluetas





                                                     Foto de John Gutmann

Volví a enfocar su figura uniformada en la mirilla del rifle. Nada. Mi blanco se movía de nuevo; parecía inquieto aunque apenas salía del espacio esquinado. Mi papá siempre ha dicho que en estos menesteres hay que armarse de una infinita paciencia. Cuando era pequeña no entendía ni infinita, ni menesteres y mucho menos  paciencia, pero sí armarse; quizá lo comprendí  de tanto ver  su silueta  recortada sobre la puerta de su habitación mientras me mostraba cómo alinear   arma, dedo, mano, muñeca,  brazo, hombro y ojo. Una línea,  Andreína, se es uno con el arma; no lo olvides.  De eso se trataba, entonces, de  no deshacer la alineación perfecta para engañar a la presa reteniendo el ritmo del propio cuerpo.   Así que apunté de nuevo a Bruno y esta vez aguanté la respiración.  Al verlo así, distraído con los carritos y  quieto como un poste, pensé en lo que había dicho mi mamá antes de irse a la boda del tío:  ese disfraz de bombero le quedaba precioso a mi hermano.