19 de noviembre de 2014

Breves de un meteorito: apuntes sobre Jorge Carrión

 En la presentación de su más reciente novela,  "Los huérfanos", Jorge Carrión comentó que Librerías había entrado en su vida como un meteorito. El haber sido primer Finalista Premio Anagrama de Ensayo de 2013,  había convertido a su libro en un devenir de entrevistas, lecturas y reconocimientos posteriores y, digo yo, en  concordancia con la calidad literaria avalada por el premio. Era un meteorito en medio de un planificación, decía, de la trilogía "Las huellas" que entonces ya había dado lugar a la novela "Los Muertos" (2010, reeditada en el 2014), y tocaba el turno a "Los huérfanos",  para luego cerrar el año próximo con "Los turistas" y completar así el proceso sobre memoria histórica,  (des)identidades en su ya particular imaginario postapocalíptico.

Podría decir lo mismo. Más bien me gusta pensar que la escritura de Carrión pasó por varios estadios. Había leído sus artículos sobre la crónica latinoamericana y conocí sus aportes  como profesor universitario en algunos de sus cursos, pero poco más. Luego vinieron los libros.

Sí,  Librerías llegó con fuerza a mi casa en su cuarta edición. Gracias a la generosidad de los regalos,  he ido disfrutando de esa estupenda cartografía intelectual y emocional a través de la librería como lugar emblemático de transacciones económicas, culturales y vitales, desde una mirada escrutadora entre la crónica, el diario, la anécdota y el dato histórico. Son de esos textos imperecederos en la medida en que nos descubre que las librerías son antes todo tiempos espaciados y espacializados donde  actualizamos una forma de ciudadanía. Recorremos, cómo no, la historia de Charing Cross Roa, Shakespeare and Company o la Librería Bertrand, entre otras, pero sobre todo recorremos las ciudades que las han cobijado y cómo  han sido transformadas por el emplazamiento de esas librerías. Espacios de lectura y de  reunión tanto como de acogida o de tertulias, de presentaciones, galerías de arte y cócteles como de comercialización e intercambio cultural. (Mis breves apuntes no dan cuenta de la belleza del libro, por ello más y mejor en "Jorge Carrión: Relacionamos las librerías, sobre todo, con el deseo y la pasión" )




Sí, luego  leí "Los muertos". Encontrarla en la biblioteca y devorarla fue más o menos un mismo gesto. Y casi un error. No sólo porque no podía subrayar el texto al encontrar una frase que me gustara (que sí), sino porque la novela y su juego de universos paralelos, sus otros textos insertos que corroboran y al tiempo que desmontan la verosimilitud de la principal historia narrada, me iba dejando en desorden. El  lápiz hubiera marcado por ejemplo, la presencia de los "Nuevos", los que tienen una segunda oportunidad de existir intentando rearmar sus huellas identitarias. Hubiera remarcado la idea de que estaba frente a una serie de televisión y sus dos temporadas, y hubiera resaltado en amarillo el artículo  de Martha H. de Santis y el epílogo de Jordi Balló Javier Pérez.  Balló y Pérez ficcionalizados...me pillaron. Y me encantó. Hubiera seguido rayando el libro marcando las descripciones precisas, las elipsis bien tramadas  y los saltos temporales entre párrafo y párrafo. Finalmente, y dejando el lápiz sin usar a un lado, terminé en internet buscando a Marta, a Balló y Pérez, indagando sobre la serie de televisión y su éxito. Jugué un rol de lector desprevenido. (Hablaría más de la novela, pero la brevedad no quita intensidad: "Los muertos" de Jorge Carrión por Jordi Corominas i Julián    y el artículo "Utopía cibernética" de Juan Goytisolo) 



Sí, antes de "Librerías"  y "Los Muertos",  Teleshakespeare  me premitió -sin poder subrayar, otra vez, de la biblioteca-  repensar los vínculos entre las series de televisión y el arte, pasearme por series como "Los sopranos", "Déxter" o "The Wire", por ejemplo, como paradigmas  narrativos televisivos, por un lado,  como fenómenos de recepción y reanimación de la pequeña pantalla, cada vez más interesada en mostrar productos de altísima calidad visual, estética, concpetual y temática por el otro,  y, finalmente, como artefactos culturales diseñados desde estructuras y tramas míticas y narrativas de la Literatura, con mayúscula. Sí, las interrelaciones entre la narrativa audiovisual y la literatura no sólo se amplían sino que salen de cierto marasmo casposo en el que el canon literario ha querido instalarse como código no transferible, negociable, trasladable o, simplemente, asumible en otras esferas. Lejos de desmejorar el debate, Teleshakespeare pone en juego la idea de desmontar las series como espacios de alteridad narrativa para la litetarura. Como lo ha hecho el cine y, por ello mismo, con sus aciertos y sus ensayos. 


 No, no me he leído "Los huérfanos" pero por sí la crítica. En mi personal recorrido, me ha gustado esta entrevista. Ya se andará. Espero. Porque hay algo que me cautiva de esta prosa; creo que es su esmerado interés en construir una novela que cuente y sea artefacto al mismo tiempo. Así que, tiempo al tiempo.


Pero el libro que he deshecho a punta de  marcas de lápiz y de repasar sus páginas como un teclado ha sido "Crónica de viaje" (en su reedición del 2014 por Aristas Martínez). Es decir, el meteorito llegó sin aviso y sin permiso para exponer su rotunda convicción sobre el juego de las identidades a partir de la interacción entre la palabra escrita y el formato virtual instalado en el libro. La identidad del libro es ser un artefacto tanto como Google puede ser un libro con el que se puede diseñar la identidad o, mejor, es jugar, imitar, intentar teclear tanto como leer fue la apuesta literaria que me cautivó. Una de las otras muchas posibilidades de entender lo que se conoce como juego literario. 
Este juego entre componer, recomponer y descomponer las identidades de los sujetos y sus medios, se realiza a partir de la historia familiar,  el viaje íntimo (no privado) de la memoria y de Carrión y sus familiares en búsqueda de aquellos sitios, espacios, fotos o recuerdos donde vivió José Carrión, su abuelo. Recorrer la geografía que va desde Barcelona hasta Granada, sí, y también recorrer las páginas como pantallas del ordenador, con infomaciones y datos sobre preguntas clave de la identidad (catalana, claro, pero también así, en general), pero, sobre todo, detallar las fotos o detenerse en las entradas sobre la migración y sus significados o insertarnos en las aplicaciones virtaules (Google Earth, su blog personal,  enlaces, etc) como espacio de contenido simbólico y afectivo así como enclaves del propio viaje, todo esto hace que el viaje físico y memorial hacia el abuelo, nos interrogue sobre nuestros modos de recordar justamente a esos familiares o conocidos que vivieron y murieron mucho antes de que toda la tecnología virtual de ahora existiera y, por tanto, no los considerara como parte de su gran red. La red también interroga sobre quiénes somos y cómo o cuánto somos capaces de recordar a medida que nos insertamos en ella y en su sentido actual de pertenencia social y colectiva.

Viajamos  virtual y narrativamente,  mezclando  significados que nos remiten a nuestros modos de recordar y de olvidar. No es la eterna búsqueda como laberinto irresoluble,  sino el valor de la búsqueda como parte del viaje lo que nos recuerda que la memoria intenta encontrarse allí donde puede y la dejan. Y cuando esto es posible, el entorno (tecnológico, afectivo, familiar, íntimo, social) también se modifica.
 Es este viaje entre lo específico familiar y lo genérico e impersonal del Google el que articula la experiencia de la búsqueda, es la puesta en cuestión del sentido de la memoria y de la memoria como sentido. Pueden recuperarse recuerdos queridos y reinsertarlos en la memoria colectiva para unir su singularidad a un momento complejo de la Historia de Cataluña, de España, de Internet.  Carrión nos recuerda que lejos de la fantasía de la totalidad, la red es parcial, cuando no parcializada, y como espacio de construcción de identidades (globales, locales, familiares, personales) nos define tanto como nosotros podemos hacerlo con ella. Es en esa compleja interacción donde nuestros recuerdos y nuestros modos de recordar aún siguen dialogando con una red virtual que, en principio, aparece cada día con más preguntas que respuestas sobre su cambiante y moldeable  identidad. 

Este meteorito ha caído para quedarse como huésped. A diferencia de Carrión, no había nada planificado, así que su llegada intempestiva terminó siendo un plan de apuntes, como estos. Falta por descubrir la prosa de Carrión en sus libros de viajes - me gustaría leer, por ejemplo, "Viaje contra Espacio. Juan Goytisolo y W.G. Sebald" o su "Mejor que ficción", pero mientras tanto, sus crónicas en la prensa y sus libros (en casa o en las bibliotecas de otros) permiten  irle dando un aire de familia al visitante inesperado; cada vez más huésped y, por ello mismo, más narrable.






















18 de noviembre de 2014

A resguardo (Nubes terrenales III)




 Condicionales
 I
 Algo falla
cuando la medida
va siendo
lo posible
enredado en sus pasos.

De mi  "si amaras"
respondiste  "si pudiera amar"
Por menos se estrella un pájaro contra una ventana.

De un anhelo
a una tristeza.
Algunas veces,
 frente a frente,
como réplicas mutuas.
Encontrarse en el medio de ellas,
saber situado
podría bastar
pero no es así.

II
Que la vida vaya colgando
de un si mañana, quizá, tal vez, la semana que viene
pásese, llámeme, a ver, quién sabe
envíeme, puede, no pierda la esperanza

Pero no me diga que viene herida de nada.
Aquí todo es posible pero, ahora mismo, está
enmarañado confuso extraviado.

No se ofusque.
Cualquiera tiene un mal día.
Sea paciente
y espere que los condicionales
hagan su trabajo.




Nubarrones

Antes decía "cielo encapotado"
Ahora ni digo.
Cuando quiero darme cuenta
que las palabras se van, se escapan, se olvidan
viene la lluvia
y sólo toca resguardarse, como esperando,
antes de que llegue el olvido
o la memoria necesitada de recuerdos.


3 de noviembre de 2014

Nubes terrenales II


 En esto de tomar fotos a las nubes, a veces aparecen siluetas que le otorgan un valor sentimental añadido a la toma. No es la pretensión que nos entra cuando somos turistas y  queremos fijarnos, anclarnos en ese instante como testimonio vívido del momento. En estos casos importaban las nubes y estas siluetas aparecieron o, más bien,  en su estar allí, se cruzaron como viandantes inesperados.



Del mismo modo en que una estatua, un poste o un alumbrado nos delinean un paisaje en la lejanía, el poema de Wislawa Szymborska es una otra silueta que atraviesa, delimita, contrae toda página en blanco como ésta.
LAS NUBES
Con la descripción de las nubes
debería darme mucha prisa,
en una milésima de segundo
dejan de ser ésas y empiezan a ser otras.
Es propio de ellas
no repetirse nunca
en formas, matices, posturas y orden.
Sin la carga de ningún recuerdo
se elevan sin problemas sobre los hechos.
¡De qué van a ser testigos!,
en un segundo se disipan en todas direcciones.
Comparada con las nubes
la vida parece tener los pies sobre la tierra,
se diría que es inmutable y prácticamente eterna.
Frente a las nubes
hasta una piedra parece un hermano
en el que se puede confiar
y las nubes, nada, primas lejanas y frívolas.
Que exista la gente si quiere,
y después que se muera uno tras otro,
poco les importa a las nubes
esas cosas
tan extrañas.
Sobre toda Tu vida
y también la mía, aún incompleta,
desfilan pomposas igual que desfilaban.
No tienen la obligación de morir con nosotros.
No necesitan ser vistas para poder pasar.

Quizá  las nubes se asemejan a los gatos en eso de aparecer como autosuficientes, coquetos, impasibles al acontecer del entorno pero rondando a sus amos, apropiándose de sus espacios y dándole un sentido siempre dudoso al verbo domesticar. Puede que aunque nunca sean del todo domesticables las nubes, como los gatos, nos permiten atrapar eso que llamamos casa, y convertirlo a cuenta gotas en hogar.